La enseñanza de la arquitectura ha estado tradicionalmente
ligada a modelos de transmisión del conocimiento de
origen medieval en los que el aprendizaje (y acá la relación con
la palabra aprendiz) se basa en la capacidad de imitar mediante la
observación de los procesos de un ‘maestro’, quien construye las
competencias del estudiante desde su propia obra y procedimientos,
a través del ejemplo.